miércoles, 9 de mayo de 2012

Cumplió la profecia: El DT se lo anunció y él no lo defraudó

 

 SILVIA PÉREZ - Ovación

Todavía no había podido ver el gol que le hizo a Peñarol por televisión. Es que el domingo estuvo hasta tarde en Médica Uruguaya, donde le hicieron una placa y, afortunadamente, se comprobó que no tenía fractura de tibia. Luego se volvió a Canelones, donde vive, y no tardó en dormirse por los calmantes que le dieron. En realidad tampoco vio la pelota entrar en el arco de Peñarol en la cancha. Y lo primero que pensó, mientras corría a abrazarse con sus compañeros para festejar, es que su técnico el "Tola" Antúnez, es un a especie de vidente.

"Antes del partido ya me había dicho que iba a hacer un gol. Me explicó que no iba a entrar jugando por la lesión que vengo arrastrando, pero que iba a ser la llave del partido. Que me dejaba para los últimos 30` por la velocidad que tengo. Y yo le contesté que sí, que aunque todavía me duele un poco la pubalgia, cualquiera quiere jugar ese tipo de partidos. Fue muy gracioso, cuando hice el gol lo primero que pensé fue en festejar con mis compañeros, y mientras que corría hacia ellos pensaba `este hombre es brujo, algo tiene`. Porque me lo dijo antes del partido y también en el entretiempo. Me anunció que iba a hacer el gol del triunfo. Y fue así. No tengo palabras para explicar lo que significa hacer un gol contra un grande", relató Carlos Núñez aún bastante dolorido de la pierna.

"Tengo una muy buena relación con él, hay un aprecio mutuo entre nosotros", agregó Nuñez sobre el "Tola". "Hemos tenido varias conversaciones. Le estoy muy agradecido porque me dio la oportunidad que no había tenido con otros técnicos y trato de responderle de la mejor forma", aseguró .

Nuñez entró a la cancha a los 60 minutos sustituyendo a Elías Ricardo Figueroa, ocho minutos después cumplió con la profecía de su entrenador y a los 79` se fue lesionado con un susto bárbaro, pensando que estaba fracturado.

"Creo que lo de `Milito` fue sin intención. Fuimos a trancar los dos, yo llegué un poco antes a la pelota y sentí clarito el tapón en la tibia. Enseguida se me hinchó y tenía un corte. Cuando me vi la pierna pensé que me había fracturado. Entonces, levanté la mano porque no podía más. Y todavía los jugadores de Peñarol me decían que no hiciera tiempo. Pero cuando Alejandro González vio la pierna me dijo: `quedáte quieto que ya viene el médico`. Y cuando me pusieron la férula volví a pensar que estaba quebrado. Le pedía al médico que me dijera la verdad, y él me decía que me quedara tranquilo. Estaba muy nervioso y pensaba en Royón y que me había pasado algo parecido. Pero, por suerte, fue solo un golpe y el gran susto. Ahora, con el hielo ya me bajó un poco la hinchazón y me calmó".

Llegó a Liverpool a los 16 años. Estuvo medio año en la Sub 16 y lo pasaron a Quinta. Terminó ese campeonato y subió directo a Primera. Tenía sólo 17 años.

Vivió un año en la residencia para juveniles del interior que tiene Liverpool en su sede. "Extrañé un poco, pero cada 15 días me iba para mi casa en Canelones. Pasé muy lindo y le estoy muy agradecido a la directiva. Sé que soy un privilegiado por estar en Liverpool. Una institución que me dio todo".

En su pueblo natal ya había defendido los mismos colores, los de Liverpool de Canelones. Fue en esa época, jugando el Campeonato de Selecciones del Interior Sub 15, cuando lo vieron los negriazules. "Fue en un partido Canelones-Florida, que perdimos 3 a 1 y quedamos afuera del campeonato. Pero estaba Gonzalo Mattos con Diego De Marco y me dijeron si quería venir para Montevideo a jugar en Liverpool. Les contesté que sí, que para mí era un orgullo".

Hoy sigue sintiendo lo mismo. "Quiero seguir creciendo como futbolista profesional y obvio que me gustaría ponerme algún día la camiseta de la selección y que se me diera el pase al exterior, pero hay que estar tranquilo, con los pies sobre la tierra y las oportunidades van a llegar. Por ahora sólo pienso en seguir representando a Liverpool, a esa camiseta divina".

"Creí que me había fracturado y todavía los de Peñarol me decían que no hiciera tiempo".

Antúnez: "Es el mimado, a mí me dicen que le aguanto cualquier cosa. Pero es un pibe bárbaro y me daría una gran alegría si triunfara. Tiene que sacar su familia adelante y lo que sabe hacer es con una pelota adentro de la cancha".

Macchi: "Es un chiquilín con mucho futuro. Y todo para triunfar, está en él saber aprovecharlo. Yo no doy consejos, pero le cuento mi experiencia. Y le digo que esto es todos los días. Lo rezongamos bastante. Je".

Dos Liverpool
Canelones

Carlos Núñez tiene 19 años y es el segundo de los ocho hijos que tuvieron sus padres: Álvaro y María Auxiliadora. Comenzó jugando al baby fútbol en el Deportivo Sac y luego hizo el ultimo año en el club Fátima. De allí pasó al Liverpool de Canelones. Siempre fue delantero y siempre le gustó el gol.
Hoy espera a Catalina, pero la suya será una fábrica chica

La tarde en que le ofrecieron venir a la capital a jugar para Liverpool corrió a la tribuna a contárselo a su padre. "Mis padres son unos fenómenos", dice Carlos refiriéndose a Álvaro, albañil de profesión y María Auxiliadora, empleada doméstica y ama de casa. Con cuatro varones y cuatro niñas, la señora tiene para entretenerse. Acostumbrado a tantos hermanos, Carlos no extraña compartir la habitación de Lomas de Zamora con siete compañeros. Duerme con Carlos Macchi, Elías Ricardo Figueroa, Nicolás Royón, Yonny Peralta, Edison Torres, Pablo Melo y Walter Toureilles. "Mis compañeros que están en las selecciones juveniles me dicen que si no estoy es por boludo. Debe ser porque soy el más mimado y el más chico del plantel", contó.

En diciembre pasado, Núñez dejó la casa paterna para irse a vivir con Daiana, su novia. Hoy esperan a Catalina, su primera hija, para dentro de una semana o diez días. "Estoy muy contento y deseando que nazca de una vez", dijo Carlos. Quien enseguida aclaró que no piensa tener tantos hijos como sus padres. "La nuestra va a ser una fábrica chiquita. Je".